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Alvarodestellitos1 Yo solía caminar y caminar bajo la lluvia, solo, sin considerarlo una característica particularmente especial, pues mi ausencia del estereotipo del mejor amigo fue una mas de mis circunstancias desde el principio. Caminaba sin rumbo, empapado y pisando la hierba sin cortar, separando el chubasquero de mi cara y bebiendo las gotas que me resbalaban hasta la boca. Contemplaba el mar agitado entre los árboles y escuchaba sin poder evitarlo la canción del viento. Jugaba a hacer música con su sonido moviendo la cabeza, orientando mis oídos a diferentes direcciones del aire que tan pronto gritaba agudo como invadía atronador mi cabeza. Mientras tanto la vida continuaba a mí alrededor, supongo.
2 A menudo, al salir del instituto esquivando los charcos en el camino barroso, atento al sonido de los autos para no ser salpicado a su paso, me detenía ante a la puerta principal del internado femenino de las Madres Irlandesas y observaba un rato a las chicas de uniforme que agarraban los barrotes metálicos de la verja y miraban hacia fuera. Esos momentos repetidos establecieron una melancólica complicidad entre nosotros, entre las mujercitas prisioneras del colegio y yo mismo, prisionero también en el exterior, fascinado con sus manos crispadas alrededor de los hierros, con sus labios abiertos en muecas expectantes, de anhelo, con sus posturas corales y con su silencio resignado. Desee más de una vez que las llamas consumieran a ese edificio y a sus muros hasta los cimientos, que liberaran de esa jaula asfixiante a las palomas cautivas. Y así fue, muchos años después, aunque en lo que a mi respecta nada haya cambiado demasiado.
5 Y después del click, hasta el momento siguiente, fue todo muy rápido, casi insustancial. Los fondos quedaron ingresados en mi cuenta, limpios de trazos que delataran su origen. Aeropuertos, controles de pasaporte: como un insomne, como un robot predirigido a su destino final, cada respiración y cada paso que di me llevaron hasta aquel paraíso. Resulta un increíble placer escuchar hablar en ingles con acentos varios y sentir el viento entre las palmeras mientras el sol te acaricia la piel embriagado suavemente de cerveza local. Casi como sentirse en casa, si es que ello fuera algo posible o deseado. La magia conocida del room service volvió a cautivarme con su lánguida melodía y sucumbí otra vez al vaivén de espesa miel que se derramaba sobe mi.
4 Porque, habéis de saberlo, un verdadero alcohólico no hace ascos a nada. Cuando la soledad transcendente, la falta de conexiones y la futilidad general imperan sobre todo lo demás, el o ella beberán cualquier cosa que siga embriagándolos, alejándose hacia adentro, profundizando en la genialidad de nieblas espesas que paradójicamente despeja la enfermiza luz que se hace llamar sentido común y que les asfixia.
Fuego de Leña
Capitulo 1 - NUEVA ROSARIO Y EL ALEGRE BOB TRANSMITIENDO DESDE LA 512
En tiempos de crisis, casi siempre durante el invierno, la poblacion de Nueva Rosario acostumbra a recoger sus habitos pirotecnicos y someterse a la rutina de los dias y al ascetismo del padre Berlanga. Los atardeceres secos y languidos discurren de incognito y los calendarios crian polvo. El tema perdurar es rigurosamente llevado a los minimos de emergencia. Con las lluvias del verano, que decirte, la cosa enmejora empeorandose. Sin lugar a dudas esas noches garantizan un lugar comun de cortinas y sombras al viento por las ventanas. En el Club teniamos refugio los alegres jovenes. Marinados en Big Expectations tomamos al asalto la determinacion de defraudar hasta a nosotros mismos. Habia que celebrarla entre los conocidos, abrir otra botella y buscar el calor de la leña, el dia de mi suerte. Ademas a veces se conmemoraban tradiciones de implacable condicion, rituales señalados reducidos a una serie de visperas y despedidas imperiales sin veredicto. Te sentias como parte de algo que se deshacia en un gintonik sin reloj. Y yo que se, eternos quizas sean los momentos, ya se sabe, ordago y envido, pero con orden.Y asi todo el rato en esta capital de provincias que vive de mitologias añejas, somnolientas, inventadas como las que mas, absurdas, de las que te obligan a posicionarte a favor o en contra. El pegadizo ritmo de pago se acomodo en la madrugada prospera y remota de nuestra ciudad. Se comenta en las mesas de billar lo de esos niños, la explosion y el hambre, el final de los abrazos efusivos. Mientras la musica retumba que tumba hay noticias que te sobrepasan por pereza anunciadas alrededor. El vino continua barato aunque cada vez menos, los romances e idilios terminan al principio y saca otra ronda. Y Afrika sobre todo y cada vez mas o menos Afrika. Que resaca otra vez en Nueva Rosario, esta ninguneland de pacotilla que te cansa los pulmones con alquitran total fake y novedades editoriales y es hermoso. Del calor de la Leña aqui impiroctamos todos la rutina de nuestro dia a dia y, si, reconozco que he robado leña a menudo, solo y con amigos, a veces nada mas que por el gusto de hacerlo. Pero es un loco el que os habla. Mi nombre es Bob Gorbea. Siendo contrabandista de drogas en los callejones con el nombre de "El Alegre Bob" una transicion vital me convertio de pronto en guru de una empresa de analisis. Eso fue mas o menos cuando deje de creer en mi futuro como Aizkolari profesional. ¡Eran buenos tiempos! Pero centremonos, la noche me confunde, debo venirme arriba. Ayudame Hector. Nunca he sido por inclinacion dado a contar algo de lo que me sucede o pienso. Aunque si he llorado algunos cines, eso es cierto. Ademas ya se adelanta a pedaladas el velocipedo del futuro con chistera de llamas y humo, queda poco tiempo. Marca la frecuencia infrecuente numero 512 en tu dial. Alli escribo y cumplo lo que prometi. Ya nos conoceis; los Gorbea, orgullosos como el que mas, atravesamos a menudo momentos dificiles. Quizas por ello fue que de entre los nuestros surgieron musicos tantos como militares, tantas novias hubo que escaparon con el mal partido como viudas aun antes de consumar los santos empujones. Yo naci en la casa grande cerca del rio, donde era pertinente versionear musicas y dineros preteritos entre verde y gris. Me llamo Bob por un cantante de color que a mis padres les gustaba escuchar entre humo rancio de cassettes y sillas de plastico. Gorbea por familia, claro, y tambien por la Gaseosa en algo, como se sabra. De la cotidianeidad de mi infancia, excepto de lo que se canta aun en las tabernas, no recuerdo mas que una sinopsis de destellos cegadores, puede que dolorosos. Nueva Rosario tiene horizontes lejanos llenos de mitos embalsamados y de rencores mojados de sirimiri. Dos bares por cada portal. Los destinos enmarcados en verdes humedos y sucios de oxido con portales de museos vacios de todo menos de records de visitantes anuales. Cuando una sociedad cree derivar de tiempos perfectos, su estado vital es la decadencia cronica. Y eso deteriora mucho las sonrisas de primer plano, su persuasion es delicada, floja. Aunque no me diese casi cuenta y todo me pareciese normal habia carencia de calor, de sueños y de cuentos con final feliz que no estuviesen bautizados. Sentia una inquietud suave y compañera cada mañana al esperar el autobus del colegio bajo las banderas. Sabreis que desde muy niño tuve que interrumpir mi educacion para ir a la escuela y asi la rutina temeraria del bucle borro todos los archivos. El dia en que mi padre me regalo la escopeta de aire comprimido regrese a casa con seis pajarillos muertos atados de las alas por un alambre que mostre orgulloso. Sonaba un acontecimiento deportivo religioso en el canal politico del televisor y nadie me hizo el menor caso, asi que vestido con una de mis mejores decepciones historicas queme aquellos cadaveres. Fue la primera vez y olian mal. Despues, poco mas tarde y siempre hasta hoy, hasta esta noche, tambien. De la tierra extrae el pueblo nuestro sus productos casi violandola corporativamente. Se corta la madera con motosierra o aun mejor al sagrado modo tradicional, con una hacha y con mucha saña. La desconfianza del vecino, ese sintoma de nuestra eterna independencia, nos consolaba cada atardecer lluvioso de la soledad y el aburrimiento nacionales. Pero el final de esa etapa seminal, el dia en que cambio todo por primera vez, esta marcado a fuego en mi memoria. Es como en casi todos los recuerdos un dia normal y de invierno, por supuesto. Afuera debia de ser domingo. Padre me habia llamado a la mañana a traves de Madre. Estaba sentado bajo la parra seca y los sarmientos encima de su cabeza le daban un aire de dios pagano del vacanal. Hinchado, tostado por dentro, me sujeto fuerte con sus manazas y me miro a los ojos. Yo nunca me habia embriagado con alcohol hasta entonces pero podia ver sin saber, con un sentimiento agudo, que el estaba siempre turbio. Hablo asi: -"Hijo, hijo...- dijo enfatizando el mensaje con largas pausas, hipos y una mirada perdida que divagaba los cielos entre tambaleos- "Hijo, como frunces el ceño e incluso apartas la vista, he decidido escoger una adivinanza inocente y regalartela en quince dias"- Nunca lo hizo, o yo no supe darme cuenta, tal era la naturaleza de la adivinanza. Esa noche, como todos los domingos, a la parroquia llegaban los fieles dejando pisadas sucias sobre la nieve, mal iluminadas por bombillas desnudas y colgantes de frutales secos. El pequeño gentio rodeaba la puerta pero siempre a dos metros del padre Berlanga, que camina sin necesidad de cinturon de guardaespaldas y saluda y bracea y saluda mas aun. Se repite el conjuro, se establecen innegables jerarquias de la tribu, ritual de alquimistas, apellidos, orden y concierto impartidos por el minsitro de Dios a los ministros de la tierra. Comed y bebed del pan que os doy, hijos mios, afortunados aquellos que escuchan la llamada del señor pues para ellos seran el cielo y la tierra. El hecho de que mi familia faltara a la cita con la trascendencia de la creacion que cada domingo celebraba el padre Berlanga fue comentado a la salida de la iglesia. Cuando se supo al fin el destino de nuestro caserio ya solo quedaba de el un monton de piedras y vigas de madera humeantes en una pira desordenada. Mi padre sostenia una botella de gaseosa cortada con ginebra. A su alrededor todos tiznados de hollin de la mano de los sollozos maternos y mi hermana pequeña que arrastra por el suelo su muñeca de trapo negra. Pense en aquel momento que pareciamos espectadores alucinados en el drive inn Hogueras de San Juan, fuera de temporada y viendo la peli que habia consumido nuestras vidas. Se imponia una regeneracion drastica de todo aquello que hubimos conocido hasta entonces. Quise despues, con los años, entender lo que paso como la purificacion perfecta, como una epifania afortunada.
Estado de Transito - Acto de presenciaEstado de Transito - Acto de Presencia
Casi anochece en los cristales empañados, vaivenes absurdos lanzan unos cuerpos contra otros. Para los pasajeros conservar cierta dignidad y mantener el equilibrio resulta dificil. El autobus acelera y hay miradas que ya se desorbitan entre los titeres colgados de la barra. Una tonalidad rosa y sucia, de puesta de sol desesperada, cubre el asfalto.
Te juras no hacerlo nunca mas, no olvidar tu condicion. Nunca, jamas, volver a subir a un transporte publico sin la debida anestesia.
A tu lado una mujer borrosa, sudante de anonimatos, gime bajito en cada curva. Hay un mestizaje desafortunado de olores y de vapores destilandose por los rincones, gaseando metro a metro el trayecto de la linea 17 : "Antiguos ministerios- Hospital La Fe".
Maldita emergencia, recurrente prisa que salta con ansiedad frente a nosotros y hace gestos de loco al borde del camino. Intenta llamar la atencion y consigue turbarnos con una mirada profunda, de demente toreando el trafico de la autopista. Pensaste por un momento que no ocurriria mas.
Pero hay que cumplir con la familia, tienes llamada perdida de la sangre, mensaje conminativo hacia el abrazo, pariente de Angustias, sobrina de Soledad y cuñada de Dolores.
Que menos que hacer acto de presencia en un momento asi, dicen; no saber lleva a extraer conclusiones narcoticas, necias, como esta. Cotidianeidad, esfuerzos de gimnasio, de bicicleta que no avanza, anclada al suelo.
Como ese alguien que muere en una cama con ruedas cuadradas, atado de pies y manos, amordazado a la vida por sondas y cables, secuestrado por una logia secreta de brillos antibioticos y alucinaciones gastricas. Estertores opiaceos del transito final y rectal, adiositos lindos que se traducen en pitidos de maquina, en canto de pajaros de constante vital.
Subes por las escaleras despacio, pretendiendo cruzarte con pocas mascaras rituales de curacion y muerte. El ascensor lleno de moscas pataleando en cerveza caliente y sin gas, aullando a escala, llega mas rapido al escenario iluminado con fluorescentes. Sin embargo entretenerse es imperativo.
Pasillos, conductos, pesadilla de uniformes deformes, de collares estetoscopicos. Visiones de rendija de puerta, formoles en cristal conteniendo proyectos en la via muerta.
Finalmente, arriba, carreras de ojos humedos, convulsiones y balbuceos que te abrazan, maratones de sensiblerias y miedo que estrujan tu cuerpo y dejan manchas humedas en tus hombros.
Sin darte cuenta eres uno mas de la cofradia que avanza hacia el mortuorio de cristal con un cirio en la mano y murmujeando.
Ya es de noche cuando todo acaba de empezar y sales del hospital hacia la parada del autobus.
Estado de transito - Vida cachimbaEstado de Transito – Vida cachimba
Capitulo 1- Paisaje con encuentros
Con las últimas luces de la tarde, antes del anochecer, un suave color rosa tiñe la fachada de las chabolas de madera y uralita en el Castillo. La mecedora de Doña Amparito Guzmán produce su ruidillo habitual y el señor León fuma en pipa de caña y sostiene el machete en la puerta de la verja de alambre. Tres niños pasan montando un caballo por delante y saludan. Mister Jeff estuvo antes en casa preguntando por su hijo Manuel, le dijo a León que tenia trabajo que darle. -Vamos a caminar reserva adentro, por lo de Andrés Su.- -Ah, Andrés, que buena gente- habla León –Me resulta muy simpático ese man. - -Pues a mi todo lo contrario- bizquea Jeff – No lo soporto. – Dos segundos, un parpadeo, compone el gesto León: - Si, el Andrés es gente de esa que no deja a nadie indiferente. Aviso a Manuel, Don Jeff, descuide.-
Capitulo 2 – Manuel y los Sábalos reales
El río a veces parece de sudor más que de agua. El líquido baja tibio y turbio, se rompe en espumas grises al pasar los rápidos. -Vemos solo la superficie – grita sobre el sonido del motor García, exboxeador y botero – pero adentro hay vida, bichos grandes.- - ¡Monstruos! – corea Manuel, y fuma las ultimas caladas, apagando el cigarrillo en una lata vacía de cerveza Toña. Maquinalmente dispone las cañas a los lados de la panga. Coreografía natural, repetida a menudo, García y él subiendo y bajando ese tramo del río, gris de agua abajo, gris de cielo arriba, verdes a los lados los márgenes peludos de árboles y algún palafito ocasional. - 3 vueltas mas y se acaba la gasolina, Manuel.- Manuel sujeta, concentrado en el tacto y la tracción, una de las cañas. Abre los ojos súbitamente, al tirón, y se levanta. Todo es rápido y en cámara lenta, García está gritando y no se escucha nada. Rio abajo un Sábalo de 100 kilos vuela enganchado al anzuelo, a dos metros sobre el río.
Capitulo 3 – El Castillo town
Aunque no tiene carreteras, el Castillo dispone de calles alineadas en una escuadra estratégica. Arrimado al río alrededor del embarcadero, este asentamiento se desparrama civilizadamente desde hace pocos siglos, siempre en un tira y afloja con la selva. Aquí el clima, la naturaleza, la maldita raza de este rincón, unifican colores y formas. Hasta comportamientos y votos. La ausencia de automóviles impide la prisa. Mister Jeff, el canadiense, aprendió a hablar castellano poco a poco, allí mismo. Por eso no sabe decir palabras como semáforo o gasolinera
Capitulo 4 – Galaxy Bar
Un amontonamiento de tablas de color indefinido clavadas entre ellas al lado del río, dos pisos, un cerdo atado en la puerta, voces que se mal escuchan desde la calle: El Galaxy bar. - 20 horas de ida y 20 de vuelta, en total seis días. - ¿Y cuantos seremos, Jeff? - Contándote a ti y a Manuel, seremos unos cinco. ¡Ah, y el fotógrafo! Importante, hay que inmortalizar el momento. A mister Jeff le brillan los ojos, agarrado a la botella. También Nicolás Guillen, su socio, esta bastante emocionado. En el extasis espirituoso declara: - Esta expedición nuestra puede cambiar la historia, toda la situación. Dice Nicolas mirando a ningún lado, como ausente. Por la calle pasa un grupo de gente con banderas rojas y negras, se gritan frases y consignas por un altavoz, están contentos. Celebran el triunfo anticipado del gran partido del pueblo en las próximas elecciones . Detrás, en los árboles que arrinconan las casas contra el río, cerca, los monos responden con aullidos broncos. Una lluvia suave desdibuja aun más los perfiles de las cosas.
Capitulo 5 – Una saga familiar
Don León y Doña Amparito llegaron un día al embarcadero del Castillo, cuando la guerra anterior. Parados en la placita con las maletas en los pies, a su alrededor los cafés se vendían en carros callejeros y se bebían de pie entre gente y plátanos que llegan y gente y platanos que se van. De la mano de su padre, Manuel miraba todo minuciosamente desde el principio, con ojos desmesurados de niño cartógrafo. Acababa de llover y la uralita de los tejados brillaba prometedoramente. En Estelí tenían tierras, pero con la revolución algo pasó que las perdieron y ni siquiera pueden recordar quien se las quitó ni en nombre de qué tuvieron que salir de allí. El río los acogió bien, hace ya 20 años que desmataron la parcela y construyeron la casa. Doña Amparito se acostumbró con gusto a la mecedora cada tarde, a las hormigas y al aullido de los monos. Don León fuma en pipa de caña, lleva el machete colgado del cinto. Su hijo Manuel ya tiene carné oficial de guía de la región. - Hijo, Don Jeff ha venido a buscarte, te quiere para entrar en lo de Andrés Su. Anda para el bar y a ver que hacéis.
Capitulo 6 – Visitas inesperadas
Doña Sandra tiene un refugio con 6 cabañas al lado de la reserva, en la boca del río Sarnoso al San Miguel. Compró la tierra cuando casi no valía nada. Desmató lo justo, sólo en la orilla, y con ayuda de un puñado de fieles limpió senderos entre los árboles de su selva. Al otro lado del río hay un puesto del ejército, sus vecinos. Controlan el tráfico de los barcos, la mayoría de pasajeros. Leen la lista de nombres que les entrega el barquero, pescan, se aburren vestidos de camuflaje. Doña Sandra, aunque amarga, tiene carácter y es hospitalaria. Por eso sonríe cuando ve llegar el bote de mister Jeff y sus seis compañeros hasta su embarcadero. Llevan bolsas y machetes, suben hasta ella en fila, como niños de escuela, piensa Sandra.
Capitulo 7 – Génesis
Andrés Su y la perra Troica disfrutaban caminando solos por la selva durante días. Conocían casi cada especie de árbol, los tipos de ranas, la hora de los caimanes y la de los peces. Dormir cerca del lago de los Manatíes, comer raicilla hervida, seguir pistas, ¡Una vida cachimba! Pero algo como esas piedras no habían visto nunca. Encajadas entre si, la superior tenia una especie de molde excavado delicadamente encima. Con forma de hombre. Andrés se tumbo dentro y mirando la luz del cielo que rayeaba a través de la red de hojas, pensó en cuanto de la pirámide permanecía enterrada bajo él. Una semana después vendió el descubrimiento y comprometió el secreto por una sierra caladora, un cerdo y un motor fuera borda. A mister Jeff.
Capitulo 8 – Un toque femenino
Es inevitable que bajo las estrellas, con unas cervezas y unas medias de ron en el cuerpo, los hombres de la compañía de Jeff, y hasta él mismo, hablen de más y en voz alta antes de dormir donde la Sandra. Ella escucha y sonríe, piensa en todo lo que dejo atras y en lo que aun pueda esperarle. Sandra nació en la capital, estudió en la universidad, fue del partido en la clandestinidad, hizo la revolución y la perdió. Ahora es amiga de arquitectos municipales, de comandantes de región y asesores de ministro. Todos tan desencantados como ella. -Votar yo, no – dice – que ya sabemos quienes vamos a ganar. Las robaremos otra vez, pero hagámoslo bien compañeros, que no caiga más vergüenza sobre la tumba de Sandino. Y continúa: - Me voy con ustedes para lo de Andrés Su. Tanto hombretón casi viejo, el niño Manuel que aun no se afeita y este mister fotógrafo tan simpático pero que no distingue una Ceiba de un Castaño. Si hay que encontrar esas piedras, si hay que cambiar la historia, necesitan si o si un toque femenino.
Capitulo 9 – Bromas políticas
Cada vez que se acerca de visita un candidato a el Castillo, hay gentíos en la puerta de los bares. Caballos atados a las cercas, bajo banderines rojos o rojinegros, depende del partido al que pertenezca el ilustre. Todos saben que el candidato escucha pedidos, regala tierras, regala dólares y hasta dona órganos. Pura bondad, Papá Noel electoral, un bendito. Ya se pasea solo por las calles, con unos rones y sin escolta. Entre promesas posa para la foto que hará historia otra vez, rodeado de correligionarios ¡Y que sonrisa bella en su rostro colorado! La misma de los carteles medio despegados que empapelan las casas de madera. Al irse río arriba, hacia el lago y después a la capital, el candidato se sostiene la cabeza por el dolor de la resaca y jura civilizar a este pueblo de una vez por todas, el año que viene.
Capitulo 10 – Creando memoria a golpes de machete
Bien ligeros de equipaje, con Manuel a la cabeza, los ocho caminan el barro y la hojarasca mirando las botas del de adelante. Es el tercer día de marcha y el silencio se ha hecho costumbre. La selva por aquí se hace mas espesa y deja pasar menos luz, parece que duerme pesadamente. Solo los golpes de machete y el crujido de las ramas acompañan a su respiración, al aullido de los monos invisibles. Manuel no duda apenas, sigue las instrucciones de Andrés Su y avanza decidido, la camiseta electoral empapada en sudor, ilegible. Los demás le siguen confiados, con la mirada febril y concentrada. Cada uno creando futuras memorias que escapan del río y vuelan por encima de la reserva.
Orillas del mediterraneo, Lunes, 12 de enero, año 2009
Estado de Transito - PasajesHay lugares de los que nunca regresas.
Una casa rota, de paredes caidas a medias, descubre fotos familiares colgadas en las paredes. Con ojos de niño contemplas ruinas perecederas, sospechas del paisaje.
Los caminos, museos de vida, son cementerios de memoria que nos sobreviven. Anduviste dejando alma en bastantes. Merodearlos es casi igual a las demas opciones.
En un descapotable rojo, deprisa, el aire lo dice todo. Porque somos nomadas nosotros y tambien los que tienen casas.
Asi, el lucido es casi siempre un minusvalido, un amputado emocional y un sufriente amador de la vida. Se consume entre sonrisas.
En burdeles de amor, en la soledad de todos, siempre con divina intencion, busca abrazos que trascienden el precio o las deudas. Y es comprendido.
En la falta amada de conclusiones, vulnerable, en el derrame de letras, lloro de violines, pausa, arco iris. | |||