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Estado de transito - Vida cachimbaEstado de Transito – Vida cachimba
Capitulo 1- Paisaje con encuentros
Con las últimas luces de la tarde, antes del anochecer, un suave color rosa tiñe la fachada de las chabolas de madera y uralita en el Castillo. La mecedora de Doña Amparito Guzmán produce su ruidillo habitual y el señor León fuma en pipa de caña y sostiene el machete en la puerta de la verja de alambre. Tres niños pasan montando un caballo por delante y saludan. Mister Jeff estuvo antes en casa preguntando por su hijo Manuel, le dijo a León que tenia trabajo que darle. -Vamos a caminar reserva adentro, por lo de Andrés Su.- -Ah, Andrés, que buena gente- habla León –Me resulta muy simpático ese man. - -Pues a mi todo lo contrario- bizquea Jeff – No lo soporto. – Dos segundos, un parpadeo, compone el gesto León: - Si, el Andrés es gente de esa que no deja a nadie indiferente. Aviso a Manuel, Don Jeff, descuide.-
Capitulo 2 – Manuel y los Sábalos reales
El río a veces parece de sudor más que de agua. El líquido baja tibio y turbio, se rompe en espumas grises al pasar los rápidos. -Vemos solo la superficie – grita sobre el sonido del motor García, exboxeador y botero – pero adentro hay vida, bichos grandes.- - ¡Monstruos! – corea Manuel, y fuma las ultimas caladas, apagando el cigarrillo en una lata vacía de cerveza Toña. Maquinalmente dispone las cañas a los lados de la panga. Coreografía natural, repetida a menudo, García y él subiendo y bajando ese tramo del río, gris de agua abajo, gris de cielo arriba, verdes a los lados los márgenes peludos de árboles y algún palafito ocasional. - 3 vueltas mas y se acaba la gasolina, Manuel.- Manuel sujeta, concentrado en el tacto y la tracción, una de las cañas. Abre los ojos súbitamente, al tirón, y se levanta. Todo es rápido y en cámara lenta, García está gritando y no se escucha nada. Rio abajo un Sábalo de 100 kilos vuela enganchado al anzuelo, a dos metros sobre el río.
Capitulo 3 – El Castillo town
Aunque no tiene carreteras, el Castillo dispone de calles alineadas en una escuadra estratégica. Arrimado al río alrededor del embarcadero, este asentamiento se desparrama civilizadamente desde hace pocos siglos, siempre en un tira y afloja con la selva. Aquí el clima, la naturaleza, la maldita raza de este rincón, unifican colores y formas. Hasta comportamientos y votos. La ausencia de automóviles impide la prisa. Mister Jeff, el canadiense, aprendió a hablar castellano poco a poco, allí mismo. Por eso no sabe decir palabras como semáforo o gasolinera
Capitulo 4 – Galaxy Bar
Un amontonamiento de tablas de color indefinido clavadas entre ellas al lado del río, dos pisos, un cerdo atado en la puerta, voces que se mal escuchan desde la calle: El Galaxy bar. - 20 horas de ida y 20 de vuelta, en total seis días. - ¿Y cuantos seremos, Jeff? - Contándote a ti y a Manuel, seremos unos cinco. ¡Ah, y el fotógrafo! Importante, hay que inmortalizar el momento. A mister Jeff le brillan los ojos, agarrado a la botella. También Nicolás Guillen, su socio, esta bastante emocionado. En el extasis espirituoso declara: - Esta expedición nuestra puede cambiar la historia, toda la situación. Dice Nicolas mirando a ningún lado, como ausente. Por la calle pasa un grupo de gente con banderas rojas y negras, se gritan frases y consignas por un altavoz, están contentos. Celebran el triunfo anticipado del gran partido del pueblo en las próximas elecciones . Detrás, en los árboles que arrinconan las casas contra el río, cerca, los monos responden con aullidos broncos. Una lluvia suave desdibuja aun más los perfiles de las cosas.
Capitulo 5 – Una saga familiar
Don León y Doña Amparito llegaron un día al embarcadero del Castillo, cuando la guerra anterior. Parados en la placita con las maletas en los pies, a su alrededor los cafés se vendían en carros callejeros y se bebían de pie entre gente y plátanos que llegan y gente y platanos que se van. De la mano de su padre, Manuel miraba todo minuciosamente desde el principio, con ojos desmesurados de niño cartógrafo. Acababa de llover y la uralita de los tejados brillaba prometedoramente. En Estelí tenían tierras, pero con la revolución algo pasó que las perdieron y ni siquiera pueden recordar quien se las quitó ni en nombre de qué tuvieron que salir de allí. El río los acogió bien, hace ya 20 años que desmataron la parcela y construyeron la casa. Doña Amparito se acostumbró con gusto a la mecedora cada tarde, a las hormigas y al aullido de los monos. Don León fuma en pipa de caña, lleva el machete colgado del cinto. Su hijo Manuel ya tiene carné oficial de guía de la región. - Hijo, Don Jeff ha venido a buscarte, te quiere para entrar en lo de Andrés Su. Anda para el bar y a ver que hacéis.
Capitulo 6 – Visitas inesperadas
Doña Sandra tiene un refugio con 6 cabañas al lado de la reserva, en la boca del río Sarnoso al San Miguel. Compró la tierra cuando casi no valía nada. Desmató lo justo, sólo en la orilla, y con ayuda de un puñado de fieles limpió senderos entre los árboles de su selva. Al otro lado del río hay un puesto del ejército, sus vecinos. Controlan el tráfico de los barcos, la mayoría de pasajeros. Leen la lista de nombres que les entrega el barquero, pescan, se aburren vestidos de camuflaje. Doña Sandra, aunque amarga, tiene carácter y es hospitalaria. Por eso sonríe cuando ve llegar el bote de mister Jeff y sus seis compañeros hasta su embarcadero. Llevan bolsas y machetes, suben hasta ella en fila, como niños de escuela, piensa Sandra.
Capitulo 7 – Génesis
Andrés Su y la perra Troica disfrutaban caminando solos por la selva durante días. Conocían casi cada especie de árbol, los tipos de ranas, la hora de los caimanes y la de los peces. Dormir cerca del lago de los Manatíes, comer raicilla hervida, seguir pistas, ¡Una vida cachimba! Pero algo como esas piedras no habían visto nunca. Encajadas entre si, la superior tenia una especie de molde excavado delicadamente encima. Con forma de hombre. Andrés se tumbo dentro y mirando la luz del cielo que rayeaba a través de la red de hojas, pensó en cuanto de la pirámide permanecía enterrada bajo él. Una semana después vendió el descubrimiento y comprometió el secreto por una sierra caladora, un cerdo y un motor fuera borda. A mister Jeff.
Capitulo 8 – Un toque femenino
Es inevitable que bajo las estrellas, con unas cervezas y unas medias de ron en el cuerpo, los hombres de la compañía de Jeff, y hasta él mismo, hablen de más y en voz alta antes de dormir donde la Sandra. Ella escucha y sonríe, piensa en todo lo que dejo atras y en lo que aun pueda esperarle. Sandra nació en la capital, estudió en la universidad, fue del partido en la clandestinidad, hizo la revolución y la perdió. Ahora es amiga de arquitectos municipales, de comandantes de región y asesores de ministro. Todos tan desencantados como ella. -Votar yo, no – dice – que ya sabemos quienes vamos a ganar. Las robaremos otra vez, pero hagámoslo bien compañeros, que no caiga más vergüenza sobre la tumba de Sandino. Y continúa: - Me voy con ustedes para lo de Andrés Su. Tanto hombretón casi viejo, el niño Manuel que aun no se afeita y este mister fotógrafo tan simpático pero que no distingue una Ceiba de un Castaño. Si hay que encontrar esas piedras, si hay que cambiar la historia, necesitan si o si un toque femenino.
Capitulo 9 – Bromas políticas
Cada vez que se acerca de visita un candidato a el Castillo, hay gentíos en la puerta de los bares. Caballos atados a las cercas, bajo banderines rojos o rojinegros, depende del partido al que pertenezca el ilustre. Todos saben que el candidato escucha pedidos, regala tierras, regala dólares y hasta dona órganos. Pura bondad, Papá Noel electoral, un bendito. Ya se pasea solo por las calles, con unos rones y sin escolta. Entre promesas posa para la foto que hará historia otra vez, rodeado de correligionarios ¡Y que sonrisa bella en su rostro colorado! La misma de los carteles medio despegados que empapelan las casas de madera. Al irse río arriba, hacia el lago y después a la capital, el candidato se sostiene la cabeza por el dolor de la resaca y jura civilizar a este pueblo de una vez por todas, el año que viene.
Capitulo 10 – Creando memoria a golpes de machete
Bien ligeros de equipaje, con Manuel a la cabeza, los ocho caminan el barro y la hojarasca mirando las botas del de adelante. Es el tercer día de marcha y el silencio se ha hecho costumbre. La selva por aquí se hace mas espesa y deja pasar menos luz, parece que duerme pesadamente. Solo los golpes de machete y el crujido de las ramas acompañan a su respiración, al aullido de los monos invisibles. Manuel no duda apenas, sigue las instrucciones de Andrés Su y avanza decidido, la camiseta electoral empapada en sudor, ilegible. Los demás le siguen confiados, con la mirada febril y concentrada. Cada uno creando futuras memorias que escapan del río y vuelan por encima de la reserva.
Orillas del mediterraneo, Lunes, 12 de enero, año 2009
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